Hoy fue uno de esos días que empezaron para atrás. No solo me desperté con una laguna menstruosa en la cama porque la toallita no soporta que me mueva mientras duermo (enserio? en siglo XXI, cómo no solucionamos este problema gente?) -o sea que me desperté con cara de culo, cagada de frío, toda manchada a sacar las sabanas, ponerlas en remojo, bañarme y cambiarme mientras trataba de que el perro no se pusiera a limpiar la sangre él. Guácala- sino que además, el paseador con el que contaba para que… bueno, paseara al perro, decidió que era un buen día para no venir.

Sin avisar.

El día que tengo un parcial. Oh, sí, super feliz día.

Para ponerlos en tema, no sólo tuve que pasear al perro yo, que para el caso no es un drama para mí, sino que tuve que esperar un montón! porque como el tipo no me avisó yo no sabía si venía y estaba llegando tarde o no venía y por ahí justo cuando yo salia a darle una vuelta a Beboncio para que pobre bicho pueda pillar el tipo pasaba y no me encontraba… en fin.

Y a todo eso, yo tendría que estar repasando y preparándome para salir. No preocupada por el paseador.

Para colmo mi novio había venido especialmente para recibir al perro, porque yo me iba a ir antes de que el paseador volviera, pero como no me avisó yo no le pude avisar a él y tuvo que cambiar todo su día y hacer un quilombo con sus horarios al reverendo pedo.

¿Entienden en que estado fui a rendir, no?

Entre la bronca del manchon, la bronca con el paseador, la culpa del pobre perro que se me meaba encima y quería salir a correr, la culpa de pedirle un favor a mi novio al pedo, la bronca por no haber tenido tiempo de repasar tranquila (ni llegar a leer bien, porque, además tengo una obra en el depto de arriba y otra en el de abajo). Oh boy.

Así que volví a casa, después de entregar primera y estar segura de que pisé todoscada uno de los palitos del parcial, pero bue, por lo menos no entregué en blanco.

Y, entonces, ¿qué me encuentro cuando llego?

A mi novio que decidió trabajar desde casa, compró todo lo que faltaba, cocinó comida para no se cuantos días, paseó al perro, limpió y hasta hizo la cama y me esperaba con una serie cargada, la comida hecha, una sonrisa y un ¡Buenas tardes, linda!

¿Y qué hice yo?

Me puse a llorar mientras lo abrazaba, por supuesto.

Gracias por romper mi remolino depresivo, lindo 🙂 ❤

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