Nunca tuve ningún problema con anónimo, es decir, escribe lindos libros, buenos poemas, consejos y canciones, muchas leyendas las escribió anónimo. Ayer recibí mi primera carta de anónimo, de papel y marcador, física, tangible, amenazante, y me dejó de gustar. ¿Quién se cree anónimo para decirme como actuar, esa persona que cree tan poco lo que escribe que ni siquiera da la cara? ¿Quién se cree para dejarme esta incertidumbre, mal sabor de boca, que se esparce a todo lo que hago, lo que pienso y con quienes interactúo? ¿Quién se cree que es para no aceptar las responsabilidades de las consecuencias que sus acciones causan? ¿Quién se cree?

Para mí anónimo es un cobarde, un irresponsable e irrespetuoso y, además, un peligro. Porque una persona cobarde, irresponsable e irrespetuosa no tiene un código, no sigue una norma porque es lo que cree que está bien, hace las cosas bien porque lo están mirando. Cuando se pone la máscara, cuando se vuelve anónimo y piensa que nadie lo está mirando, y que las maldades que haga lo van a beneficiar, hace cosas que solo a un cobarde e irresponsable se le ocurrirían.

Veremos que piensa anónimo cuando le enfoque el reflector, ¿seguirá amenazando o, producto de que necesita de su perdida intangibilidad, se hará humo?