Luego de unas tres buenas horas recorriendo los parques de la zona del zoo de la ciudad con Negri estoy muerta. Hacia mucho que ella no podía correr a sus anchas y no tenía el monopolio de mi atención y juegos, así que la ví muy feliz y la verdad que la pasamos muy bien. Fue una aventura, aunque breve, bastante completa; conocimos mucha gente y perritos nuevos, paseamos por calles de la ciudad, estuvimos en bosques, caminamos por las afueras de museos, nos quedamos mirando un rato largo una fuente enorrrme, vimos de lejos el cementerio y muchos edificios muy interesantes. Luchamos con una gran rama, saltamos por bancos y encontramos unos frutos raros que le encantaron porque, como estaban secos, las semillas hacían un ruido de cascabel, ideal para lanzar y perseguir, o romper, ya saben, no juzgo.

Para cuando llegamos a destino yo pensé que ella se iba a tirar una siesta o por lo menos recostarse,pero nop, abrió mi bolso, saco un palito y me lo empezó a traer para que se lo tirara. La criaturita tiene menos de un octavo de mi tamaño y más energía que la fusión en frío y Flash juntos, yo tirada en la silla con la lengua para afuera y ella con cara de “todavía no conoces mi forma final”.

Así es como, felizmente, me duele todo el cuerpo;

pero tengo el ❤ lleno.