When you realize that you don’t even have to try any longer, doooo what you want to (8)

Entre escribir trabajos, informes, presentaciones, cartas, cvs, proyectos, agendas, calendarios, cuadernos, apuntes, examenes, se me pasó el tiempo volando!

Estando sentada en el sillon al lado de mis perritos me di cuenta que no escribo acá desde antes de que ellos nacieran, y, no sé, me pareció que era momento de volver a darle un poco de atención (oh, si, necesito MÁS distracciones en épocas de exámenes 🙂 eso es algo recurrente…).

Así que aquí estoy, con la intención de comenzar a escribir (por lo menos) 200 palabras por día, sin nigún rumbo en especial, solo para desacalambrar un poco mis dedos. No es que no estuve escribiendo en todo este tiempo, por si no quedó claro de un par de renglones más arriba, sí escribí. Y mucho.

Los apuntes se arrastran por el piso y trepan por las paredes de mi reducido espacio. Pero (siempre está el pero) no es lo mismo escribir para la facultad, que escribir para uno, que escribir para uno y para todos los que leen el blog! (yay, te hablo a tí!).

Entonces medio que involuntariamente comencé copiando los versos de una canción que estaba sonando en el momento, y aquí estoy! (estamos, mis perritos y yo).

Supongo que este es el momento que debería escribir sobre los radicales cambios que tomo mi vida en estos años, pero no quiero quemar temas para los próximos días y me gusta pensar que los dejo con (un poco) de suspenso.

Visto que no quiero que esto quede tan vacío de contenido, voy a contar un poco sobre estas dos hermosas criaturitas que están reposando a mi lado, que me llenan de ternura y me enseñan las maravillas de la vida canina. Como, por ejemplo, que siempre es un buen momento para tirarse a dormir una siestita, sobre todo si tu humana preferida prefiere mirar un rectángulo de plástico y estresarse porque cosas que no llegas a entender porque tu frecuencia visual (?) no te deja vislumbrar los secretos que contiene.

O que siempre es un buen momento para parar en seco y rascarse un poco.

Tenemos, por un lado, a Beboncio! cuyo nombre real no diré por si alguien quiere robar su identidad, solo me referiré a él por su apodo de cachorro. Él es un perrito ENORME, pero solo tiene 10 meses, así que es el bebé de la casa (yup, there’s the name) y es algo así como un pastor belga color miel, sin papeles porque lo levantamos de la calle, así que si conocen a la persona descorazonada que lo alejó apenas destetado del seno de su madre por tener una mínima mancha negra en el pelaje que “no va con la raza” durante LA tormenta que azotó la ciudad hace unos meses, de mi parte… nada, no le quiero mandar mala onda, pero diganle que esta vivo y bien y que todo vuelve.

Por otro lado tenemos a la Negrita, que tampoco pondremos el nombre real, por además ella es taaan linda y sociable que ya se la han tratado de llevar algunas personas malas cuando era cachorra, cosa que yo impedí valientemente con mis chillidos de niña desesperada. #thuglife

Negri es pequeña de cuerpo, super juguetona, a punto de cumplir dos añitos y es una mezcla de doberman con algo retriever porque no la puedo llevar al parque sin que me empiece a traer cosas random que están por ahí desatendidas. En serio, yo sé que lo hace para jugar, pero una vez me trajo una pelota de futbol y ahí sí que no supe donde meterme cuando apareció la dueña gritando.

Así que bueno, esto sería tres veces la cuota de hoy! Nos vemos mañana con algo más cortito, chau chau

<:3 )~

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