El miércoles 20 de Marzo tuve mi primera clase de Evolución. Al profesor le gusta mucho debatir las definiciones y escuchar las opiniones de los alumnos, por lo que no se tardó mucho en abordar el tema de que el 60% de las personas de EEUU no creen en la teoría de la evolución (según una encuesta de 2006).

Cuando volví a casa estaba garuando y me puse a pensar mientras miraba como corrian las gotitas por la ventana del colectivo. Más allá de que el estudio era a escala global y sólo tomaron a EEUU como ejemplo de América -cosa que no me cae para nada bien- una pregunta me quedó retumbando en la cabeza ¿cómo sería la vida de alguien que no cree en la evolución?

Mientras caminaba bajo la lluvia seguí cavilando. A mí pensar no creer en la evolución sería equivalente a no creer que los paraguas funcionan. Acompáñenme en la analogía, yo estaba caminando bajo la lluvia sin paraguas volviendo a casa y veía pasar gente con paraguas. Para decir que no creo que los paraguas me protegen de la lluvia tendría que negar que la gente que está caminando a mi lado está seca de la cabeza a las rodillas y solo se mojan en la parte en la que no los cubre. Para negar eso tendría que crear toda  una línea de razonamiento que me permita refutarlo. Podría decir que me costó mucho, pero no es así porque ya conocía el modelo. Asumí que, por alguna razón, algún ente superior a mí había orquestado que existieran personas sobre este suelo que fueran inmunes a la lluvia, o sea, el paraguas es sólo una cosa accesoria que este ser les entregó y que es imposible conseguir de otra manera.

Esta forma de pensar para mí es horrible, es completamente justificatoria. Las cosas te vienen de arriba, por alguna razón que no debés comprender, y si no te vinieron de arriba no debés obtenerlas, porque te fueron negadas en post de un plan divino integral en el cual muchos tienen que sufrir para que unos pocos puedan pasarla bien, pero ojo que todos están cumpliendo su destino.

Entonces, aceptar la evolución no es lo mismo que aceptar cualquier otra teoría (como la de la gravedad). Aceptar la teoría de la evolución es aceptar que las cosas están en constante cambio y que el estatus quo en realidad es una vida no lineal de incertezas en la cual uno sabe donde empieza, pero no donde termina, a lo largo de la cual los papeles entre opresores y oprimidos se pueden dar vuelta o, incluso, desaparecer.

Y nadie quiere eso, ¿verdad?