Hoy tenía una notificación de WordPress, según dice hace dos años que me uní.  Entonces pensé ¿dos años no más? y resulta que sí, porque el resto de los post los hice con el server anterior. El blog lo empecé por allá en el 2008, cuando todavía tenía 17 años y no tenía ninguna idea fija de lo que quería hacer. Simplemente quería subir todos mis dibujos y escritos en un único lugar porque me daba paja estar manteniendo tantos sitios al día al mismo tiempo (deviantart, blogspot, livejournal y la mar en coche). Así que le pedí a mi novio de ese momento, que es muy ducho de computación, que me aconsejara sobre la paginita. Me acuerdo que él me dijo “mirá, este server anda bien” y me metí. Toquetée muchos botones, la cagué con el código unas cuantas veces (una vez hice que toda la página pareciera una hoja el blanco jajaja) hasta que aprendí, por lo menos a no tocar donde dice “solo modificar si se sabe de programación” or something like that, porque parece que lo decían en serio. Es que soy así, me gusta cuestionar las cosas (sobretodo si tengo alguien a quien correr para que me arregle las cagadas).

Me acuerdo que en ese momento estaba terminando quinto año y tenía mucho tiempo libre. Tanto tiempo libre que hacía taekwondo, adelanté un par de materias del cbc, empecé una empresa de artesanías (sí, Unien es de esa época) y me quedaba tiempo para aburrirme. Si, yo aburrida, increíble. Unos dos años más adelante me invitan a unirme a un blog como coautora y para eso me tuve que crear una cuenta en wordpress. Así que, después de unos días de idas y vueltas porque me enviaba la invitación a un mail y yo de tan cráneo que soy ponía el otro y entonces no me reconocía -lógicamente- y blablabla, me hice la cuenta y empecé a autorear, con un tono más pseudo científico e intentado ser más seria.

Un par de meses más adelante tuve que mudar mi blog, así que aproveché esa cuenta -esta cuenta desde la que escribo ahora- y mudé todo para ahí. Bueno, todo no, la tienda de Unien se perdió en el camino, lo cual me causó un dolor terrible pero me permitió recomenzarla de cero, sin las trabas que un modelo de base impone.

Y de eso ya van dos años.

Dos años y tantas cosas que todavía me cuelgo mirando al vacío, cuando en realidad estoy mirando para atrás.

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