¿La felicidad se compone de pequeñas felicidades diarias o está siempre ahí y se mella a lo largo del día con las cosas que nos van poniendo de mal humor? Siempre me pregunté que tanto influye el “como” a lo largo de un día (o de una vida, un día es tiempo infinito) como uno reacciona ante las cosas, como uno espera que salgan los proyectos, como piensa sobre lo que le sucede o se sucede, porque las cosas que le pasan, ¿le pasan desde afuera o le pasan desde adentro? Por eso también me pregunto, que tiene más peso ¿lo que pasa o como reacciono? ¿uno elige reaccionar de alguna forma? ¿Cuánto poder tiene uno sobre como se toma las cosas? ¿Cuánto poder tenemos sobre lo que nos pasa, sobre lo que le pasa a uno?

Muchas veces me pasó, y estoy segura que a ustedes, lectores imaginarios, también; que un día que pensé que iba a ser lindo, o que la iba a pasar lindo, terminé con un balance final de que la pasé mal. Sino, que un día que pensé que la iba a pasar mal finalizó con un resultado más que positivo. Es tan subjetivo definir lo positivo y negativo de un día que medio que me da asquito sacar balances totales de los mismos. Más si lo positivo de un día puede ser lo negativo del siguiente, y viceversa. Es como ese cuento chino, que si se portan bien se los dejo más abajo.

Voy a finalizar este post cortito con un deseo. No se engañen, tengo muchas más preguntas, pero tengo sueño, la noche es corta y mañana.. será otro día. Quizás no es tanto un deseo como una actitud. Me gusta pensar que si uno le pone onda, las cosas buenas terminan por suceder. Hablo de cualquier cosa, desde sonreírle a una persona desconocida que parece estar triste hasta poner todo el empeño para que algo suceda.

Me gusta pensar que la alegría no es un fin.

La alegría es un camino.

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Cuento chino (parafraseado por Moi).

Vivían un viejo campecino y su hijo joven en una granja apartada. Un día, el único caballo que tenían se encabritó y se escapó corriendo por la pradera.

-Padre, ¡que desgracia!- gritó desconsolado el joven – ahora yo mismo tendré que tirar del arado si queremos comer, esto sí que es mala suerte.

El padre se limitó a negar con la cabeza y añadir – Todavía es muy pronto para saberlo.

A la semana siguiente,  mientras el chico estaba trabajando, el caballo volvió acompañado de una yegua salvaje. El joven, que jamás había visto un ejemplar tan bello, corrió a avisarle a su padre.

-Padre, padre, ¡qué suerte! -exclamó mientras brincaba de alegría – ahora tenemos dos caballos para tirar del arado, incluso podremos criar más y venderlos, ¡ya no pasaremos hambre! ¡Tenías razón, tuvimos buena suerte!

El viejo volvió a negar con la cabeza -Todavía es muy pronto para saberlo.

Dos días después, el joven se rompió la pierna intentando domar a la yegua salvaje. Llorando de dolor ante la terrible herida, se lamentaba nuevamente.

-Padre, ¡eres tan sabio! esto es tener muy mala suerte.

El viejo lo ayudó a entrar a la casa y mientras le entablillaba la pierna, lo miró a los ojos y le dijo: -Todavía es muy pronto para saberlo.

Cinco días más tarde, los soldados del rey llegaron al pueblo buscando “voluntarios” para el ejército. Al ver que el viejo era muy viejo y que el joven no podía levantarse de la cama sin ayuda, siguieron de largo sin más.

Ante el silencio del chico, el viejo preguntó.

– Pues bien, ¿qué crees que es esto?

El joven, desde su cama, contestó.

– Todavía es muy pronto para saberlo.

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