Ayer a la noche tuve dos sueños que yo recuerde.

El primero lo tengo por la mitad, estaba en una casa grande, casi una mansión, y era de día. Desde lo que sería el salón yo podía ver los jardines, cubiertos de verde y con flores que titilaban con el viento bajo los rayos del sol.

Salí al patio y, a pesar de estar en pijama y descalza, no sentí frío. Fui hacia el lado izquierdo y al llegar al final de la casa doblé a la izquierda nuevamente, siguiendo los arbustos que la rodeaban y admirando la construcción de los enormes ventanales. En eso, me encontré con unos niños. Yo los conocía y me extrañó que estuvieran mirando con tanta atención hacia la medianera. Al acercarme, noto que el que estaba en la medianera era mi padre. Estaba por lo menos 3 metros del piso revocando una abertura triangular que daba con el vecino,  sin arnés, sin plataforma, sin nada. Simplemente se había trepado desde uno de los balcones de los ventanales y ahora estaba ahí arriba haciendo equilibrio cerca de la cornisa mientras trabajaba. Creo que le grité que bajara, que podría matarse, porque se dió vuelta para verme y, como si fuera lo más normal del mundo, me encargó que le fuera a preguntar al vecino de que materiales estaba hecha su casa a 2,09 m, 1,34 m y 0,9 m del techo. Entré a la casa, busqué un cuaderno, alguna lapicera o lápiz y fui a pedirle la extraña información.

Acto seguido me veo en un zaguán, tocando el timbre y completamente vestida, con zapatos y todo. El vecino, un joven alto de pelo negro lacio y con cara de ser bipolar, me atendió enseguida. Al principio no parecía tener ningún problema, pero algo que le pregunté (o le dije) debió alterarlo, porque sacó una uzi, me dijo que es su casa mandaba él y me invitó amablemente a que me retirara si quería conservar mi vida.

Finalmente, volví a mi casa y creo que le comenté a mi padre que a pesar de estar loco y amenazarme a muerte, el vecino parecía un buen tipo.

El segundo sueño lo recuerdo un poco mejor, D y yo estábamos en un coche (él manejaba) yendo por una autopista. Me acuerdo que me agarraba de los costados de asiento porque iba muy rápido, esquivando coches a lo loco. Cuando le dije que bajara la velocidad él me pidió disculpas y me dijo que no se daba cuenta cuando lo hacía y que su madre también se había quejado.

Al rato recogimos a un pastor (o cura o padre, no sé como se dice), un par de monjas y una niña que estaban haciendo dedo al costado del camino. En un momento la niña saca una carpeta, de esas A3 típicas de la secundaria, y se le empiezan a caer las hojas sobre el piso del auto. Me doy vuelta en el asiento y tomo su carpeta para que no se le siguieran cayendo las hojas, mientras ella las levanta. De pronto, siento que el sueño va a cambiar otra vez… y me despierto, me quedé sin saber que podría haber pasado.

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