Con todo, hay una palabra desde el poder que nombra lo que antes no podía siquiera mencionarse. Y, a cuentagotas, comienza a modificar algunas cosas. Pequeñas cosas. Hace cuatro semanas, en el CGP de Culpina y Avenida Rivadavia, en Flores, dos chicas al sol en medio de aplausos y un gran revoleo de arroces se dieron un abrazo. Y fue un abrazo tan abrazo, que era verlo y saber todo lo que cabía ahí dentro. Cuántos años, cuántos silencios, cuántos terrores y cuántas soledades juntas. Después, la escena se recompuso y las dos, con un ramo de flores cada una, posaron para la foto. Pasó entonces por la vereda una viejita con la bolsa de las compras en la mano. “¡Que vivan las novias!”, gritó. Y también ahí, en ese deseo, estuvo todo lo demás.

Extracto de La Nación (10/07/11)

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