Estaba entre eso y “El dolor, los médicos y mi necesidad compulsiva -rallando en la estupidez- de ser autosuficiente”, quedó el primero porque el segundo es muy largo.

Este post surge de una pregunta, ¿Qué hago normalmente antes de ir al médico por un dolor/malestar?

Normalmente, aparece un dolor o malestar tenue que es algo molesto pero que no impide que realice mis actividades cotidianas ni afecta mi desempeño, sólo “está ahí”. Entonces, lo que suelo hacer es decirme “ah, mirá, me suele/molesta tal cosa, no la muevo/toco y listo. ¿Me habrá llegado un mail?”.

Bueno, en realidad no es tan exacto.

Por lo general en verano me pregunto si habrá helado en el freezer y en invierno me fijo que series puedo bajar. Eh’así.

Cuestión que luego pueden pasar dos cosas (amo las dualidades, pero estas no tanto):

a) el dolor/malestar pasa solo y sigo con mi vida normal

b) el dolor/malestar no pasa

De b) se desprenden otras dos dualidades:

b)1) el dolor/malestar se mantiene constante en el tiempo

b)2) el dolor/malestar aumenta progresivamente

Por lo general, la opción b)1) termina evolucionando en la a) -o sea, mi feliz- o la b)2).

Así que nos queda aclarar, porque estoy segura que se mueren por saber, ¿Qué pasa después de llegar a la b)2)?

Bien, normalmente no pasa nada. Si es un dolor que ya tuve antes (de tipo muscular, por ejemplo) utilizo el mismo tratamiento que me curó la vez anterior (elongar o masajear la zona, let’s say) y otra vez puede pasar que todo evolucione hacia a).

Pero si no lo hace, no voy inmediatamente al médico, oh no, eso es muy responsable e inteligente para mí. Me quedo con el dolor/malestar y sigo con mi vida normal hasta que me impide realizar tareas tan sencillas como existir en este mundo de forma pacífica y feliz. Para colmo, ni siquiera tomo calmantes ni nada porque no me gustan las pastillas.

Entonces, generalmente, llego arrastrandome a los pies de mi vieja a pedirle por favor que me consiga un médico y, de paso, un abogado para redactar mi testamento, porque creo fehacientemente que me voy a morir.

Mi vieja, preocupada por perder a su única hija, consigue un médico or the sort, mientras me re putea de arriba a abajo por no haberle avisado antes, me toma la fiebre, me obliga a tomar la droga que tengamos en el botiquin que sea correspondiente a mi aflicción y hace todas esas cosas mágicas que hacen las madres entrenadas, mientras yo lloro desconsoladamente porque pienso que va a ser la última vez que la voy a ver a ella y al resto del mundo.

Después sigue toda una escena lastimosa con el médico, en la cual yo le explico con mi mejor cara de soldado valiente que hace una semana –o más– que empezó todo esto y como fue escalando hasta convertirme en esa bolsa hipersensible y destrozada que tiene ante sus ojos.

Y el médico suspira (o se ríe), me receta alguna cosa mágica que yo sólo voy a tomar porque estoy completamente desesperada porque el dolor/malestar/fiebre consumió mi alma completamente a lo largo de tantos días de sufrimiento.

Eso o el coma me impide negarme. Igual nunca llegué a estar en coma, pero si sigo así no lo veo como una posibilidad tan lejana.

Ahora la pregunta que me hago es, ¿por qué hago ésto? ¿Soy masoquista? Evidentemente no, porque la verdad que no disfruto para nada tener dolor. ¿Soy idiota? Probablemente. ¿Creo que después de muerta todos mis sufrimientos serán resarcidos? Oh, por el amor de Bach, no. ¿Soy tan orgullosa que no me permito mostrar el menor signo de debilidad? Si tuviera fichitas, le apostaría 3/4 de todas las que tengo a que ésta es una de las -si no es LA- razón más potable. ¿Me molesta tanto que la gente se preocupe por mí que por eso me la aguanto? Si, a esta le apostaría el otro cuarto. ¿Tengo conciencia de que lo que hago es completamente un sinsentido y una estupidez, que mi cuerpo es mortal y está condenado a sufrir aflicciones hasta que alguna cause mi muerte y que mis antepasados desarrollaron diversos sistemas de órganos para que les advirtieran con tiempo de estas aflicciones y que justamente por eso no hay que ignorar un dolor del cuál no se conoce la causa? Oh, yeah. ¿Le hago caso a eso? Para nada.

Conclusión, me gusta ser idiota.

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