Rutina matutina — 22/05/2017

Rutina matutina

No sé qué cosas tendrán en su feed ultimamente, pero el mío está repleto de “Beneficios de una rutina matutina”, “Mira los secretos de los hábitos del éxito, la rutina matutina”, “El que no se levanta temprano es un gil” y cosas por el estilo. Pensé que en el siglo XXI ibamos a dejar de lado los consejos de “un talle unico”, más con todo lo que se conoce ahora de neurociencia y psicología, pero parece que no.

Después de tanto mirarlo, me puse a leer, y la verdad algunas cosas tienen sentido. Por supuesto que si me levanto a las 4am voy a tener más tiempo para hacer cosas, pero muchos artículos y videos parece que se olvidaron que uno generalmente está dormido a esa hora…porque necesita dormir! A excepción de Thomas Frank, parece que todos y todas se olvidaron de este ¿pequeño? detalle.

Como se me da por experimentar, y me gustaría tener una mañana productiva ya que estamos, les voy a contar brevemente las cosas que me sirvieron a mí para hacer más cosas que sean importantes para mí y mantenerlo en el tiempo, que eso también hay que pensarlo a la hora de hacer un plan.

Entonces, primero y principal, descarté la idea de levantarme a las 4am. Eso no iba a funcionar ni el primer día y lo unico que iba lograr es frustrarme y hacerme tirar la idea por la ventana. Además, está el pequeño gran detalle de que no vivo sola y seguramente a nadie le gusta que su compañero ande dando vueltas por la casa en horas aciagas.

En lugar de eso opté por simplificarme las mañanas haciendo lo más posible la noche anterior (y yendo a dormir a un horario razonable en relación al que me quiero levantar, dah!). Por lo general, me fijo en el calendario y la agenda lo que tengo que hacer al día siguiente: a quién veo, a dónde voy, cuántas horas voy a estar afuera y que clima va a hacer. Una vez que se esas cosas me armo una mochila, con una botella de agua además de lo que tenga que llevar y me elijo lo que me voy a poner mañana y lo deposito todo junto en una silla. Con la cena preparo el almuerzo de mañana y lo dejo en un tupper en la heladera, así no ando a las corridas a la mañana. Ordeno la casa, 5 min nada más, para no estar llevándome por delante los juguetes de los perros medio dormida y me fijo lo que hay en la heladera para hacerme el desayuno al despertarme.

Si prestaron atención, notaron que existe un hilo que une todos estos comportamientos, para los que no lo hicieron, se los explicito: Mi cerebro no funciona antes de las 10am. Puedo quedarme mirando la cafetera 5 minutos sin entender cómo funciona. Por lo tanto, toda mi estrategia para una mañana productiva se basa en tomar la mayor cantidad de decisiones la noche anterior, cosa de que por la mañana solo tengo que ponerme lo que elegí, hacer el desayuno que ya había pensado, pasear a los perros, agarrar mi bolso y el almuerzo que preparé y salir por la puerta. Fin.

No es necesario levantarse a las 4am para ser productiva, solo hay que estudiar los comportamientos que una tiene, ver lo que quiere mejorar y construir en base a eso. Los programas de “un talle unico” pueden servir la primer semana mientras te dejás llevar por el entusiasmo, pero no sirven en el largo plazo porque no se ajustan a vos.

PD: ¿Hago esto todas las mañanas? Ni por asomo. ¿Las veces que lo hago me es más fácil levantarme? La verdad que sí.

Buen día! 😀

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Probando, probando

Hace mucho que no escribo por acá. Un par de años de hecho. Increíble lo rápido que pasa el tiempo y lo que cambiaron las cosas. Ya sé que este -el paso del tiempo y lo desconectada que estoy- es un tema recurrente en este blog, y hasta a mí se me está haciendo denso hoy, así que cambiemos el tema.

-Hablando de denso, Buenos Aires con sus olas de calor y su porcentaje de humedad más alto que el Empire State no favorecen mi salud-

Me da fiaca nombrar todas las novedades, así que este es el plan de acción: quiero retomar este hábito que tenía de escribir un poco cada día, me hacía bien y además es un buen ejercicio para “las pequeñas células grises” (si conocen esa cita, 100 puntos para ustedes). Así que, indirectamente, iré nombrando las novedades a medida que pase el tiempo. O no, conociendo que soy tan consistente como una de las tantas tormentas de verano que estamos teniendo 🙂

Sin ningun orden en particular (ni tilde en la “u” porque no tengo), lo primero que me viene a la mente para escribir hoy es… lo incomunicada que esta la gente.

Si, ya sé, está super quemado el tema de “en la era de las comunicaciones, estamos más distantes que nunca” y  “la globalización y la pérdida de indentidad individual” y otros títulos alarmantes que puedo inventar y ustedes pueden leer con voz de locutor. Pero bueno, digamos que no lo había sentido tan profundamente hasta este año, que empece a trabajar en una primaria, con alumnos, profesores, directivos, horarios y salario fijo (oh sí, todo un trabajo “de verdad”).

El nivel de desconección inter-personal es, como menos, alarmante. Además, el hecho de tener un aparatito que te rastrea a todas partes hace que, algunas personas, se “olviden” que no vivís para la institución y, de repente, todas las horas son momentos en los que pueden contactarte. Sábado a la noche. Domingo a la mañana. Lunes 15 minutos antes de entrar a clase (!). Cualquier momento. Ejemplo puntual, estar hablando con un directivo de que el día de mañana no me corresponde ir al colegio por “razones a, b y z”, ir a dar clase y a los 30 minutos recibir un mail en el que me explica muy cordialmente que tenemos una reunión con el resto del plantel docente.

Mañana.

Me sorprende, y alarma, que cambie tan rápido de idea alguien que está en una posición organizadora. Como seguro lo están pensando, sí, más de una vez por algún motivo no recibí estos mails “a tiempo” y sí, me perdí reuniones/entregas/clases especiales y me llamaron la atención por ello.

Pero bueno, supongamos que tuve mala suerte, es un ambiente laboral ecléctico y desorganizado y quelevasahacer.Lo que seriamente me preocupa son los estudiantes.

(¿Alguien podría pensar en los niños?!)

No hablo del estereotipo de queja al estilo “esa caja boba, la miran todo el día y no estudian” o “los juegos violentos, los vuelven violentos”  (que se comprobó que no, por favor busquen los trabajos científicos, son tres segundos con google scholar) sino que varios de estos chicos y chicas no diferenciaban entre el mundo “real” y “virtual” o, lo más horrible para mí, le daban mayor peso al segundo. He visto peleas entre chicos de ocho años porque uno no le mando vidas a otro para un jueguito. Niñas llorando porque los padres no les dejan tener cuentas de facebook o twitter o skype y entonces el resto las trata como si no estuvieran ahí, en el patio, con ellos en el recreo. Otros que se ocupan de tener el muro lleno de fotos con un montón de gente, pero en persona los trata fatal. Ciberbullying a raudales, con insultos y cargadas de doble sentido, y tienen solo ocho años!

Entiendo que no vean la diferencia, digo, nacieron con una cámara pegada en la jeta y nunca tuvieron vida privada. La linea entre real y virtual nunca existió para ellos. Y los efectos que ví son tremendos. No tuve un día de trabajo, ni uno solo, que alguno/a no llorara desconsoladamente por algo relacionado al mundo virtual. El estrés que les genera es gigantesco, sienten una tremenda presión a tener seguidores y subir videos todos los días, porque si no estás ahi, en la red, no existís, no estás.

Me acuerdo que un finde nos fuimos con los perros a un parque grande con mi pareja, la pasamos muy bien y ese lunes les conté a los chicos sobre los árboles que vimos y los tipos de hojas y como algunas siguen la fórmula de Fibonacci (porque doy matemática, no para torturarlos).

No podían entender el concepto de que no sacamos una foto ni filmamos un segundo de la experiencia. Ni que hablar de Twitter ni Facebook, porque no tenemos Internet en nuestros celulares. Entraron en shock, me llamaron “poser” y demandaron ver mi celular para confirmar que no tenía internet y no había sacado fotos ni videos en el parque.

Me sentí muy vieja y muy triste ese día.

Jose Saramago — 18/11/2015
Y salió el sol — 14/11/2015

Y salió el sol

Este jueves fue mi cumpleaños de un cuarto de siglo y se llovió todo. Llovió, llovió, pasaron las horas y llovió más fuerte todavía. Mirábamos por la ventana con los perros y llovía. Almorzamos y llovía. Estudiaba y llovía. Mora me traía juguetes y llovía. Tango giraba por el piso y llovía. Ari me trajo una torta muy rica y llovía. Dormimos la siesta y llovía. Fuimos a buscar una pizza y llovía. Y, para terminar el día, nos acostamos en la cama mirando por el balcón la lluvia. Terminó la lluviosa noche y salió el sol. Entonces hicimos asado y festejamos con el fresquito que dejó tanto llover.